viernes, 18 de mayo de 2012

El Planeta de los Simios


               Anoche conseguí convencer a una tarada de que la mononucleosis pasaba cuando los núcleos de las células se transformaban en núcleos de células de monos.
-        Y ahí, una vez que el núcleo cambió – metí - hace que toda la célula cambie, al nivel de la de un mono.
-        Qué zarpado… - decía ella, arrastrando las palabras. Los ojos estaban bien abiertos y como perdidos en las baldosas.
Un rato antes me había estado hablando de que su amigo tenía mononucleosis y que qué embole y que qué bajón y que qué cagada y que qué dududu. Estaba borracha, se reía y tomaba más y se reía y hablaba y que qué yo sé qué mierda, y tomaba más. Y en ese momento hice lo que cualquier persona decente haría. Le dije:
-        Se debe estar afeitando mucho más seguido.
-        Jajajajaja – se rió.
-        Sí, hay algunas enfermedades que son raras, eh. – acoté yo. Ahí esperé a que le cayera la ficha.
-         ¿Cómo? – preguntó por fin.
-        ¿Qué cosa? – jetié.
-        ¿Decís que se afeita más?
-        Claro. ¿No viste el documental ese? – si hay algo que es la kriptonita de las chetas bobas son los documentales. Pero, con la esperanza de que no sea tan relevante en el resto de la conversación, la cheta va a decir:
-        Sí, creo que vi algo de eso. No lo vi entero igual. Si es el que yo pienso.
-        (Sí, si lo dieron entre Gilmore Girl y Glee, pajera) Está buenísimo. Es sobre los monos y la mononucleosis y esas cosas. Ya sabés.
-        Seee… - parecía coincidir.
-        Digo, yo no entiendo ni sé mucho de estas cosas – dije, bajando a su nivel -, a mí me sacás el fútbol y sabés lo qué. Jajaja JAJAJA – reí -JAJAJAJAJAJA – reí más.
-        Seee… jajajajajaja – rió ella. Todo el comentario no había tenido sentido, pero vamo arriba, se rió igual.
-        No, pero hablando en serio. Que una célula de humano pueda transformarse en una célula de mono… Está jodido eso.
-        Claaaaro. Zarpaaaado. – afirmó. En ese momento me di cuenta que ya estaba adentro, y yo había pasado mi punto de no retorno. Lo menos que podía hacer era contestar cualquier pregunta que pudiera tener.
Lo mejor de todo era que ni siquiera tenía que decir nada con sentido, ni gramaticalmente bien. Por ejemplo le explique que: “viste que los núcleos de la célula son medio cualquiera en realidad, ahora la ciencia (¿la ciencia?) se está dando cuenta de eso y ta, y no se sabe.” Ella estaba bastante de acuerdo con lo que yo decía. Seguía repitiendo “claro” y “ahí va”.
-        Mañana te contagias de mononucleosis y de repente, perdés todas las defensas. Porque están hechas para células humanas. Es como que no las reconocen a las de los monos. Por eso es que te enfermas.
-        Claro.
-        Y las células de la piel y las del pelo son de mono. Por eso es que te afeitas más cuando tenés la enfermedad.
-        Ahí va.
-        O depilas, si sos mujer.
-        Claro.
-        O si sos hombre y te gusta depilarte.
-        Claro.
-        Tipo un nadador.
-        Ahí va.
-        O un astronauta.
-        Zarpado.
-        Los nadadores suelen tener mononucleosis. Una vez por año ponele.
-        Claro.
-        Por el cloro.
-        Claro.
En un momento dejé de tirar fruta. Ella estaba con los ojos abiertos mirando al piso, asintiendo con la cabeza y pensando probablemente en tener que depilarse mucho más seguido. “Porque si sos hombre ta” debía estar pensando. “Si sos hombre estás más acostumbrado al pelo.” Capaz que pensaba en no hablar más con su amigo por el resto de la vida. Nada de hombres mono. Creando una nueva clase de racismo. Miraría muchas veces seguidas El Planeta de los Simios (las nuevas) para saber a qué se enfrenta. Intentaría hacer una marcha en 18 de julio con tres amigas y el novio de una. Pero se le reirían en la cara. Sólo para después pegarles con palos. Por alguna razón. Llevaría el asunto a la corte, con las dos últimas películas de El planeta de los Simios como evidencia. La meterían en el manicomio por demente o en una caja de cartón por pelotuda. Sólo para después pegarle con palos. Por alguna razón. No parecía merecerse dos diferentes hordas de gente pegándole con palos, así que me ablandé y le dije:
-        Monos, no simios. Son dos cosas diferentes.

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