Paulo Coelho se masturba
mirando fotos de sus hijas. No tengo argumentos ni pruebas para sostener esto;
digamos que, simplemente, es la forma en que me gusta imaginármelo. Paulo
Coelho llora de emoción cada vez que lee algo escrito por él, pero llora de
angustia y odio a sí mismo mientras limpia el semen de las fotos. Está cansado
de las viejas chotas con sus preguntas chotas esperando a que él les enseñe a
sacarse la cabeza de adentro de la concha y le muestre la luz. Pero mi Paulo
Coelho se va de putas y peina líneas en su mesa de vidrio, o se va con la hija
de alguna vieja turra y la coge sin condón y después la obliga a abortar. Eso
es lo que mi Paulo Coelho hace. Lo que mi guerrero de la luz hace.
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