viernes, 18 de mayo de 2012

Yo asesiné a un hombre en Buenos Aires


               Yo asesiné a un hombre en Buenos Aires. Le apreté la garganta con mis propias dos manos hasta que toda la vida le salió por la comisura de los labios. Después se lo conté todo a mi novia. Supongo que porque necesitaba contárselo a alguien, decirlo en voz alta. Desaparecí sin esperar a ver su reacción. Simplemente me fui. Caminé por las calles, visite La Boca, tomé un café en Once donde compré un ramo de rosas sólo para después tirarlo en las vías abandonadas de un tren abandonado.
Mi novia es rubia y tiene pelo corto. No sé si llamarla mi novia de hecho, pero por alguna razón, ella termina encajando perfectamente en el perfil del sospechoso. Extraña razón que no entiendo en absoluto. Entonces ahora me mira a los ojos en la estación de policía, donde la tienen retenida, como diciendo “lo sé. Y vos sabes que yo lo sé” y creo que quiere que confiese. Es una posibilidad. La idea me aterra.
Hay otras sospechosas. Todas son parecidas a mi novia, si es que sigue siendo mi novia. Rubias con pelo corto. Lindas tetas. Pero eso varía de sospechosa en sospechosa. Pienso que capaz que terminan eligiendo a otra y no hay necesidad de que nadie más sepa la verdad. Si eligen a mi novia, bueno, en ese caso voy a esperar hasta el último momento en la corte y si la encuentran culpable confieso. Pero no creo que sea necesario hacer nada todavía. Podemos salir los dos de esta. Siempre puedo volver a Montevideo y desentenderme del asunto completamente. Siempre puedo también declarar demencia, decir “Su señoría, que persona con dos dedos de frente se iría a Montevideo y dejaría a su novia como sospechosa de un asesinato que no cometió” o declararla demente a ella y decir que amenazó con matarme si llegaba a decir algo a las autoridades. Matarme con un cuchillo Tramontina.
               Despierto en Montevideo sin saber nada más del asunto. Mi novia tiene pelo castaño y un lindo culo que está helado cuando lo presiono contra mí. No aguanto mucho tiempo antes de querer coger y olvidarme de todo el asunto del asesinato del hombre de Buenos Aires, pero mi novia está dormida y seca allá abajo así que decido ir al baño, lavarme la cara y hacer un par de cafés. Me siento en la cama a mirar como duerme y como respira. Lo hago por tanto tiempo que me tomo los dos cafés antes de que ella despierte. Cuando por fin despierta no le cuento nada de lo que pasó. Sólo agarro ese lindo culo helado que tiene y lo presiono fuerte contra mí.

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