lunes, 17 de diciembre de 2012

zzzzzzzzzzz



Hay trece mosquitos
aplastados en la pared de mi cuarto.
Hay también dos mosquitas,
dos insectos sin nombre,
víctimas civiles en el lugar equivocado
en el momento equivocado
con la persona equivocada llena de acertada rabia.
Las aplasté en un delirio,
en una catarsis violenta,
y ahora forman parte de mi pequeño museo de la muerte.
Tengo ronchas por todo el cuerpo,
tengo los ojos de piedra seca
y una canción que repite “zzzz zzzzzzz zzzzzzzzz zzzz”
y no me deja dormir,
un martes a las cuatro y media de la mañana.
No importa cuántos vasos de whisky aparezcan y desaparezcan,
el zumbido infernal de las sangrientas alas me persigué
como un martillo
del tamaño de un tímpano,
que rompe un tímpano,
tímpano mental, plenamente mental.

Miro a la araña
en un rincón de mi cuarto.
- “Que buen trabajo estás haciendo” -
digo mirando su telaraña inútil.
“Yo con dos manos maté más mosquitos que vos con seis.”

La araña me mira.
Dieciséis veces me mira.
“¿Por qué tenías que arruinar toda esa comida?”
Ahora mira la pared.
“El museo de la muerte.
¿Qué no podés valorar el hambre en el arte?”

Salto de la cama y camino en silencio bordeando la pared.
Mi mano está abierta esperando.
Soy el ángel de la muerte,
Y el ángel de la muerte quiere dormir.
“Zzzzzzzzzz” es lo que quiero.
“Zzzzzzzzzz” es lo que recibo.
La guerra se pelea bajo el mismo himno,
Pero significa diferentes cosas.
Estoy estancado en un cliché
Y no tenía mayores intensiones que las de matar mosquitos
en mi cuarto,
y dormir tranquilo,
en un charco de sudor
como una persona civilizada.