“No me malinterpreten”, repitió. “No es que no me gusten los niños. Pero esto… bueno…”. Uno de los viejos que sostenía al niño le respondió “¿Querés ser nuestro amigo o no?”
Cambié de canal. Juro que no entiendo de dónde sacan estas ideas. Me acuerdo cuando Matlock era sólo un abogado común y corriente. Asumí que al mundo se le había ido la moto y apagué la tele. Estoy fumándo un cigarrillo atrás de otro. Cuando pensás en armar uno mientras tenés uno en la mano, bueno, hay un punto dónde las cosas empiezan a estar mal.
Me gustaría que mi silla tuviese ruedas. Soy un aventurero en el cuerpo de un vago. No sé de qué se queja la gente en sillas de ruedas ahora que lo pienso. ¡Pero basta de pensar en gente en silla de ruedas! – reacciono – y vuelvo a no saber qué hacer. Es cierto eso que dicen, de que si a un hombre le sacás los minusválidos queda con nada – aprendí-.
Pienso que perdí parte de mi capacidad de respirar bajo el agua. Mejor dicho, de aguantar la respiración bajo el agua. No sé por qué dije respirar bajo el agua. Esa la perdí hace años. Por otra parte también pienso que si tengo que aguantar la respiración bajo el agua probablemente muera ahogado eventualmente de todas formas. No estoy orgulloso de estar tomando whisky a las 5 y media de la tarde tampoco. Supongo que me fui volviendo en el ejemplo de qué no hacer. Lo que sea que le pueda dar al mundo. A veces hay que ser el del otro lado de la línea. Pero mis intensiones son buenas, sí, mis intensiones son buenas. O al menos, no son malas. Lo más probable es que no tenga las más mínimas intensiones en la mayoría de los escenarios. Soy un comodín. Me entero de esto mientras lo escribo así que no me voy a explayar en el tema todavía.
No tengo ganas de ser comunista de hecho. No tengo nada en contra, pero no quiero. Voy a decirle a mi perro que deje de insistir.
Tengo tapperwares con comida en mi cuarto hace meses y están mal. Perdí muchos buenos tapperwares de esa manera. (Un tipo parecido a Woody Allen pasó por la calle, pero yo sólo pienso en los tapperwares ahora. Qué mundo hostil. Qué cerebro malcriado y mañoso que tengo entre las orejas. Dejando pasar un Woody Allen como quien deja pasar un 60 porque acaba de prender un cigarro. Puedo gritarle ¡Woody Allen! Con el cigarro en la mano. ¡Mierda, puedo hacerle malabares con dos higos con una mano! Pero no tengo higos. Probablemente no era tan parecido igual.) Dos tapperwares de hecho.