viernes, 18 de mayo de 2012

El hospital que era un tribunal


               Fue en el tercer o cuarto juicio cuando empezó la lluvia de casas. Esta vez estaba con Pablito e Hiram y nos estaban acusando de robar comida, cosa que habíamos hecho algún tiempo antes, y algún otro tiempo antes (no estoy seguro cuánto, el tiempo es tan irreal en el medio de la noche) había sido acusado de entrar en un set de filmación de una película de Robin Williams y hacerlo pedazos, y había tenido que ir al mismo tribunal, a declararme mentalmente inestable. Y ahora estaba de vuelta en el mismo lugar, en lo que a mi impresión parecía ser una seguidilla de eventos uno atrás de otro (la película, el juicio, la comida, el juicio, etc.) sin tener tiempos de espera entre hecho y castigo, y de nuevo hecho.
               Esto es lo que me acuerdo, porque todavía estoy algo dormido y no tomé el café de la mañana: Pablito, Hiram y yo estamos sentados en el cordón de la vereda, en frente al edificio, esperando nuestro turno para ser llevados ante la justicia. Estamos hablando, aunque no puedo acordarme de qué. Parece poco relevante de cualquier manera. En un momento, cuando miro a Hiram, veo a lo lejos lo que parece ser una casa cayendo de entre las nubes. Es una gran casa, una mansión, que me hace acordar al Hotel Casino Carrasco en cuanto a su estado viejo, descolorido y destartalado, pero quizás no tan grande. Me quedo duro mientras todo eso pasa, y trato de avisarles a ellos que miren, pero no puedo hablar. Cuando por fin me destranco lo único que queda es un hongo de humo negro saliendo desde algún punto de la ciudad, donde la casa cayó. “¡Bo!”, es lo único que alcanzo a decir, mientras pego un salto y golpeo el brazo de Hiram con tal fuerza que por un rato él sólo se queda mirándome enojado mientras yo señalo el cielo. En seguida aparece una segunda casa cayendo en picada entre las nubes. Y después una tercera, y una cuarta, y de repente está lleno el cielo de casas, de todos los tamaños y formas imaginables. Empiezo a correr. Pienso en el fin del mundo. Pienso en que en cualquier momento una de esas casas va a aterrizar arriba mío, que no hay escapatoria. Siguen apareciendo más y más casas. Tengo que admitir que entre todos los posibles escenarios de fin del mundo nunca imaginé algo como esto. Por ahora sólo corro, y sólo porque de repente esté despierto no significa que paré de correr. Ese sueño se derrumbó, Hiram y Pablito habrán despertado ya también en algún otro lugar, y nunca más volveremos a pisar ese tribunal, porque ahora ese tribunal tiene un hospital arriba. Quizás hoy de noche me encuentre con que todo se derrumbó, en todos lados, y pase todo el tiempo (que es tan irreal en medio de la noche) caminando entre escombros.

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