viernes, 29 de junio de 2012

La biblia según el padre de Alvaro


-        Armad y fumad todos de él, pues este es un porro de mi propio ventichíncue – dijo Jesús alzando una roquita de paraguayo.
Pedro se apresuró a cantar el dos, a lo que Jesús le contestó que en ese caso él debía ser quien lo armara. Si no así cualquiera. Pedro pensó en que no sabía armar y enseguida cambió y gritó que tenía el tres. El problema en realidad era que armaba re lento, y las miradas expectantes de los demás sólo complicaban más las cosas. A veces alguna de las demás personas no podía tolerarlo más y se lo arrebataba fisuradamente de las manos, diciendo dame acá, y tenía que quedarse con el consuelo de tener el tres. Esto no era muy justo para los demás, que enseguida murmuraban y lo tildaban de cualquiera, a él y a todo el asunto.
-        ¡No! – dijo alguien que no sé el nombre. – Después del dos pasa a ser ronda. Y estoy yo en el tres.
-        Pero quedo último - se quejó él mirando la ronda, y su mente contaba “6, 7, 8…”. – Noveno.
-        Alguien tiene que ser el noveno – argumentó perfectamente otro tipo. Ese tipo caía siempre que alguien estaba por armar. Tenía el cinco.
-        ¡El primero en tocar los tres palos! – gritó otro y salió corriendo. La cancha de fútbol estaba como a tres cuadras. Nunca volvió.
-        Octavo – dijo el primer tipo que no sé el nombre. – Algo es algo.
Después otro tipo sacó una tortuga de la mochila y la tiró lo más lejos que pudo. Ahí Jesús, que permanecía indiferente hasta ese momento, intervino:
-        Yo la tiro más lejos que eso.
¡Era una apuesta!
Es sorprendente cómo algo se puede desvirtuar tanto y tan rápido.

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