miércoles, 27 de junio de 2012

Héctor el bebé


El otro día nació el hijo de un amigo. Se llama Héctor. Esto me dejó totalmente atónito, dado que no sabía que un bebé podía llamarse Héctor (a la gente pensando cosas como “eso es ridículo”, trate de imaginarse un bebé llamado Héctor. NO SE PUEDE).
Mi entendimiento era que: cada cinco o diez años, aparecían sobre la faz de la Tierra, treinta o cincuenta mil Héctors que se repartían equitativamente por lugares estratégicos del mundo. Y desde su primer momento de vida, todos estaban en sus cincuentaytantos. El Héctor no sabía lo que era la infancia. Andar en bici, nadar en el río usando una cuerda atada a un árbol como liana, poner bombas brasileras en los buzones. No había ningún Héctor en Las Aventuras de Tom Sawyer.
¡Y no lo había! Todo tenía sentido. ¿Por qué debe venir ahora una pareja y presentarme a un Héctor hecho y derecho (los doctores dicen) de no más de unos pocos días, como evidencia de que mi vida hasta este punto fue una mentira? ¿Fue esa realmente la mejor manera que se les ocurrió de decírmelo?
-        No sé – le dije a mi amigo. -  ¿No pensaste que cuando le grites “¡Héctor, a comer!” siempre te vas a sentir medio sorprendido de ver como aparece un niño?
-        Eso no tiene sentido. – me dijo. Eso es lo que me merezco por tratar de razonar con una persona que le pone Héctor a un bebé.
Lo peor de todo es que el bebé tiene cara de Héctor. La tiene. Un bebé ya tiene de por sí un montón de características físicas en común con un tipo de cincuenta años. ¿Es realmente necesario el nombre Héctor? Juro que podía ver una sombra de barba en la cara de ese bebé. No me sorprendería que su primera palabra sea un ronco “eeeeeh”. Es la clase de bebé que mira Tumberos. La clase de bebé que debería tener sus propios bebés. No sé en qué clase de mente adulta, culta y con dos dedos de frente, la posibilidad de un bebé llamado Héctor siquiera se asoma. Le dije a mi amigo que si yo tuviese un hijo lo llamaría Simón así todos tenían que hacer lo que él dijera. Le dije después que me parecía raro la poca cantidad de dictadores llamados Simón, siguiendo con ese hilo de razonamiento. También le dije que condenó a su hijo a una vida entera con cara de Héctor y que estaba seguro de que Dante en algún momento habla de un anillo del infierno especialmente reservado para esa clase de padres. Me dijo que la corte.

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