El otro día nació el hijo de
un amigo. Se llama Héctor. Esto me dejó totalmente atónito, dado que no sabía
que un bebé podía llamarse Héctor (a la gente pensando cosas como “eso es
ridículo”, trate de imaginarse un bebé llamado Héctor. NO SE PUEDE).
Mi entendimiento era que: cada
cinco o diez años, aparecían sobre la faz de la Tierra, treinta o cincuenta mil
Héctors que se repartían equitativamente por lugares estratégicos del mundo. Y
desde su primer momento de vida, todos estaban en sus cincuentaytantos. El
Héctor no sabía lo que era la infancia. Andar en bici, nadar en el río usando
una cuerda atada a un árbol como liana, poner bombas brasileras en los buzones.
No había ningún Héctor en Las Aventuras de Tom Sawyer.
¡Y no lo había! Todo tenía
sentido. ¿Por qué debe venir ahora una pareja y presentarme a un Héctor hecho y
derecho (los doctores dicen) de no más de unos pocos días, como evidencia de
que mi vida hasta este punto fue una mentira? ¿Fue esa realmente la mejor
manera que se les ocurrió de decírmelo?
-
No sé – le dije a mi amigo. - ¿No pensaste que cuando le grites “¡Héctor, a
comer!” siempre te vas a sentir medio sorprendido de ver como aparece un niño?
-
Eso no tiene sentido. – me dijo. Eso es lo que
me merezco por tratar de razonar con una persona que le pone Héctor a un bebé.
Lo peor de todo es que el bebé
tiene cara de Héctor. La tiene. Un bebé ya tiene de por sí un montón de
características físicas en común con un tipo de cincuenta años. ¿Es realmente
necesario el nombre Héctor? Juro que podía ver una sombra de barba en la cara
de ese bebé. No me sorprendería que su primera palabra sea un ronco “eeeeeh”.
Es la clase de bebé que mira Tumberos. La clase de bebé que debería tener sus
propios bebés. No sé en qué clase de mente adulta, culta y con dos dedos de
frente, la posibilidad de un bebé llamado Héctor siquiera se asoma. Le dije a
mi amigo que si yo tuviese un hijo lo llamaría Simón así todos tenían que hacer
lo que él dijera. Le dije después que me parecía raro la poca cantidad de dictadores
llamados Simón, siguiendo con ese hilo de razonamiento. También le dije que
condenó a su hijo a una vida entera con cara de Héctor y que estaba seguro de
que Dante en algún momento habla de un anillo del infierno especialmente
reservado para esa clase de padres. Me dijo que la corte.
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