viernes, 27 de julio de 2012

instrumentalmente

¿Puede el mundo llegar a ser un lugar donde reine la paz y la armonía? No lo creo. Menos extremo incluso, ¿puede este mundo ser un lugar BUENO? No lo creo. No mientras nosotros sigamos acá. Creo que estoy lejos de ser un nihilista, es decir, CREO en cosas. Quizás necesite de una media hora si me lo preguntás, pero sé que en algunas cosas creo y tengo fé. “CREO que soy nihilista”, como le dijo el niño a la madre. ¡Ja! Creo, por ejemplo, en el univero y en la naturaleza, que lo considero la misma cosa. Por ese par de creencias no creo en un mundo diferente al que tenemos. Intentar cambiar el mundo me parece tan ridículo ahora. Todos quieren cambiar el mundo y salvar al mundo. “Obvio que solo no se puede, pero si todos ponemos nuestro granito de arena…”. Si hay algo que aprendí de la historia de la humanidad es que nunca tarda en llegar alguien que se caga en la arena del otro. Y eso parece ser la minoría de la gente, pero cuando alguno lo hace, la mayoría de los otros piensan “Ah, ¿se podía hacer eso?”. Más temprano que tarde alguien va a empezar a venderte arena no cagada. “Ah, ¿se puede hacer eso?”. La verdad es que la mayoría de gente que no hace cosas malas es porque es cobarde y se la está tragando entera. Si mañana todo se va al carajo y la ciudad se vuelve caos, no te sorprendas de ver a tu profesor de matemáticas desnudo y persiguiendo a un perro con un Shinsu 2000. Cuando ese cometa esté a dos horas de chocar, va a ser más la gente que este violando, asesinando, golpeando y haciendo cualquiera que la gente ayudando a otra a destrancar la ficha del pinball. Miles y miles y miles y un millón mil años de humanidad desembocaron en esto. Generación a generación las cosas evolucionaron hacia hoy. Una sola bomba puede matar a todos los artistas del mundo, sólo necesitás una muy buena Expo con una buena Performance. Y no es más que apretar un botón, entre la vuelta del baño y la hora del almuerzo de algún vago mal pagado. Esa es nuestra tecnología. Lo que quiero decir es que, hay una razón por la que nuestro mundo está como está. Es lo que vinimos cultivando. No esperes sandías si plantas mierda. Va a salir mierda y te la vas a tener que comer. Si no era Hitler era Rogelio el dictador vegano asesino. Si tu mismo grupo de amigos hubiese tenido esta edad en Frankfurt en el 40, estarían comiendo panchos con el Führer y contándose chistes de gallegos. Creer en que la gente es esencialmente buena me parece tan ridículo como creer en dios (cuando la segunda es un argumento de la primera es cuando realmente no puedo evitar dejar escapar un “jjjjja”). Si dios existe y realmente nos hizo a su imagen y semejanza, quizás podría estar bueno dejar de tratar de convencernos de que en esencia somos buenos y empezar a pensar en la otra opción, que dios es una mierda de tipo. Supongo que la capacidad de razonar viene acompañada de pensar que razonar es algo importante, o bueno, o especial. La única razón para asumir que somos superiores al resto de los animales es porque entendemos lo que significa “superiores” y “asumir”. Es el equivalente a sentirte mejor que Stephen Hawkins porque sabés más que él del Grand Theft Auto. Si borramos todo del mapa y hacemos que los humanos empiecen todo de cero, se van a estar matando y torturando igual que ahora para cuando llegue el 2012. Todo sería prácticamente igual. Capaz que no hay astrolabios porque Joseph Astrolabio creció para ser una ardilla, pero seguro que estaríamos invadiendo otros países, matando gente a hambre y buscando pornografía de niñas japonesas en internet. Somos malos por naturaleza, y no es porque seamos de naturaleza mala, es sólo que cuando inventamos los conceptos de bien y mal, y cuando dibujamos la línea entre las dos y empezamos a tirar cada cosa para uno u otro lado, capáz que nos creímos mejores criaturas de lo que realmente somos y tiramos demasiados instintos básicos para el lado que no era. Después inventamos leyes en base a esto y después inventamos policías y les dimos sus propios palos, creando los “males necesarios”. Si hubiésemos admitido desde un principio “me quiero coger a la esposa de este, quiero matar al pelotudo de aquel otro”, la vida sería más intensa, emocionante y verdadera.
No somos malos para una tortuga cuando le arrancamos las patas. Piensa “ay, me arrancaron las patas, duele y no sé cómo hacer para moverme”, seguro que no piensa “qué mala leche ese tipo”. Tampoco piensa mejor de vos el león que acabas de liberar de su horrible jaula. “Rico” piensa como mucho mientras usa una ramita como escarvadientes. No hay infierno para los leones ni paraíso para los koalas de la misma manera que no los hay para las personas. La idea de distinguir entre el bien y el mal, y la voluntad y razón para elegir entre actuar en base a una u otra, no debería cambiar nada de lo que pase en la muerte. Después de todo, los animales no conocen bien ni mal y sería injusto que sean enviados al cielo o al infierno por algo que no pueden controlar. Lo único que nos diferencia de ellos es el cerebro, pero eso queda adentro del paquete cuando nos vamos, y tratá de explicarle a un ente de luz descerebrado todas las veces que mintió. Además, ¿qué es bien o mal a los ojos de cualquier cosa que no seamos nosotros? Capáz que sí existe un infierno y terminás ahí por no haberle pegado en la cabeza con rocas a suficiente gente. Me imagino llegando al cielo y que dios me pregunte “¿por qué nunca te cogiste a esa vecina tetona que tenías?”, “no me daba bola” le contestaría yo, “la hubieses obligado” me diría, “para algo hice a los hombres más fuertes”. Y no entraría al cielo por no haber aprovechado el “Vale por una violación” que dios me había dado al nacer. Pero no creo que eso pase porque dios no existe.
Me gusta imaginarme a dios como un viejo extravagante que abusa de la confianza de angelitos pre-púber. Seguro que se viste de cardenal y ellos de monaguillos. Ya sabén, para que la rutina no mate la pasión. No me sorprendería, viniendo de alguien que se cogió a su propia madre. Sí. Dios. Se cogió a su madre.

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