lunes, 2 de julio de 2012

West Side Story


Al principio odiaba la idea de ver esa película. Para empezar porque era un musical, y eso era algo que le aburría, y después porque su novia era la que quería verla, y su novia miraba películas de mierda. Como los musicales. El prefería mirar una comedia, al menos para que sea algo parecido a un punto medio entre West Side Story y lo que él en realidad quería mirar, la última de Steven Seagal. Alguna comedia con Will Ferrell o Jack Black. Pero perdió la discusión así que fue West Side Story.
La primera escena le gustó, pero después del revuelo que acababa de armar no podía permitirse que su novia lo notara disfrutándola. Así que permaneció con cara de orto mientras su dedo marcaba el compás disimuladamente sobre su muslo. Pero le gustó lo de la pandilla. ¡Y cómo bailaban! Deseaba poder bailar así.
Las partes románticas y las canciones que no estaban cantadas por alguna de las dos pandillas le embolaban un poco, y susurraba “daleee” y “andate a tu casa de una vez conchudo”, pero cuando por fin se acababan sabía que iba a venir algo bueno. Cuando veía a dos o más pandilleros caminando por la calle su dedo saltaba sobre su muslo en anticipación, como si se tratara de un calentamiento previo. A la segunda canción admitió “este tema está medio bueno”, así podía dejar de lado cualquier escrúpulo y REALMENTE seguirle el compás. Había una gran diferencia entre “medio bueno” y la forma en la cual ese muchacho sonreía y se auto-palmeaba. Una Bette Midler parecía estarse gestando en su alma y poco a poco parecía ir ganando control sobre él. Pero cuando la canción terminaba volvía del trance, y pronto se hundía en el sillón, esperando otra vez que el romance terminara, pero esta vez tarareando la canción anterior y haciendo chasquidos con los dedos. A la novia sí le gustaban las partes románticas y esto le parecía aún más egoísta que ver una película de Steven Seagal.
Todo el tiempo que duró la película pensaba “¡Esto es lo que tengo que hacer! Pandillas, baile, peleas. Todo esto.” Pensó en si alguno de sus amigos se le uniría. Pensó que Julián podría. Los demás sólo tenían que ver la película, o mejor, las canciones de las pandillas en YouTube, y en seguida lo entenderían. Pero ninguno se sumó. Ni siquiera Julián que miraba Glee. “¿Y contra quién pelearíamos?” preguntaba. “No hay pandillas que bailen acá.” Tenía razón, pero seguro que los Jets bailaban solos antes de la llegada de los portorriqueños. “Se puede cantar sobre otras cosas mientras no haya una pandilla enemiga. Como de mujeres, o de cerveza.” Pero Julián no quería tener nada que ver con eso.
Así que pensó en salir a reclutar. Tenía que buscar gente con pinta de tipo rudo, aunque con cierta gracia. Tenían que vestirse con estilo, como en la película, pero pensó que quizás estaba subiendo demasiado la barra. Podía encargarse de ese tema una vez la pandilla estuviera completa. De todas formas él salía con un saco, unos buenos pantalones y mocasines, porque la primera impresión es la más importante.
Iba caminando mirando para todos lados, buscando a personas peligrosas de un barrio peligroso. Vio a un par de tipos parados en una esquina. Parecían rudos. “Estos servirán” pensó, y se acercó a ellos. Confiado, seguro, cruzó la calle con estilo, una mano en el bolsillo. Empezó a chasquear los dedos de la otra mano, dando pasos cada vez que los chasqueaba, de una forma muy “casual” y “despreocupada”. Recibió una piña en el estómago antes de poder empezar a cantar un pequeño número de reclutamiento que había estado ensayando. Le robaron el celular y 250 pesos.
Una mujer se acercó y le preguntó si estaba bien, y al mirar para arriba y ver a la mujer, se vio a sí mismo tirado en la calle, hecho una pelota y vestido con un saco, unos pantalones beige y un par de mocasines. Se sintió profundamente humillado y se levantó y se fue sin contestarle, cerrándose el saco para que no se le viera tanto el chaleco y el collarcito. Llegó a su casa y se cambió de ropa. Se tiro en la cama, puso la película de Steven Seagal, y con la vista clavada en sus movimientos y golpes pensó “Ya van a ver esos dos”.

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